La Policía Nacional celebró el día de su santo patrono con una eucaristía en la Catedral Santa Ana
San Francisco de Macorís, Duarte
La Policía Nacional celebró la festividad de su santo patrono San Judas Tadeo con una eucaristía en la Catedral Santa Ana. La actividad religiosa congregó a diferentes miembros de la institución pertenecientes a la provincia Duarte, quienes, junto al General Orison Olivence Minaya, se dieron cita para compartir un momento de fe y reflexión en el Día de la Policía Nacional.
La misa fue presidida por monseñor Ramón Alfredo de la Cruz Baldera, quien dirigió la homilía con un mensaje centrado en la vocación del servicio y en el sentido moral del cumplimiento del deber. Al tomar como base las lecturas del día, el prelado señaló que toda labor firme y duradera necesita cimientos sólidos. Recordó que la Escritura presenta a Cristo como “piedra angular” y explicó que la vida en sociedad —y también el trabajo policial— debe sostenerse sobre valores como la verdad, la justicia y la entrega, entendiendo que la comunidad confía en quienes custodian la convivencia.
En ese marco, monseñor resaltó que la misión policial no debe reducirse a una función meramente técnica o administrativa, sino que constituye un ministerio de pacificación y custodia. Por eso, indicó que el agente debe estar anclado en principios inquebrantables como la honestidad, la valentía para defender al indefenso y la integridad personal, advirtiendo que ninguna sociedad puede construir paz sobre la arena movediza de la corrupción, el abuso de poder o la indiferencia ante el dolor del prójimo.
Asimismo, monseñor explicó que el Evangelio presenta a Jesús llamando y eligiendo a los apóstoles luego de la oración, y subrayó que, del mismo modo, toda vocación implica llamado, discernimiento y propósito. En su mensaje, afirmó que el llamado al servicio contiene un deber ético y patriótico: cumplir con el trabajo no como simple obediencia a una norma o por temor a una sanción disciplinaria, sino como respuesta moral ante el ciudadano que clama auxilio, ante la familia que espera regreso seguro a casa y ante la sociedad que desea vivir en concordia.
También destacó que la Iglesia enseña que la autoridad es servicio y que debe orientarse al bien común. Citando el sentido social del Evangelio y la reflexión de la doctrina católica, recordó que el respeto al marco legal es indispensable para que el trabajo policial sea recto y fecundo. Por ello, insistió en la necesidad de actuar conforme a la Constitución y al ordenamiento jurídico del Estado, comprendiendo que la autoridad policial no nace del arbitrio personal, sino de la ley justa, y que el uso de la fuerza legítima debe estar siempre templado por el respeto a los derechos humanos, la proporcionalidad y la justicia.
Durante la ceremonia, monseñor además motivó a que se valore y respete la formación institucional, la disciplina consciente y la cadena de mando, así como la apertura a una preparación continua —técnica, ética y espiritual— como pilares para una policía moderna y confiable, cercana a su pueblo.
Al finalizar la Eucaristía, el General Orison Olivence Minaya, Director Regional Nordeste de la Policía Nacional, reiteró la importancia de vivir el trabajo policial desde tres ideas fundamentales —esperanza, servicio y vocación—, insistiendo en que el personal debe responder con entrega a la exigencia de la sociedad y con un compromiso sostenido por la vocación, ya que la Policía Nacional no tiene día ni hora para servir. Como síntesis de su mensaje, señaló la idea de que el policía debe priorizar el servicio al pueblo, subrayando que “el pueblo es quien lo apremia”.
Con un ambiente de recogimiento y gratitud, los asistentes renovaron su compromiso con la misión de la institución, encomendando su labor diaria a la intercesión de San Judas Tadeo.